La guerra psicológica en México

Por Mauricio Meschoulam. Publicado en El Universal el 29 diciembre 2010. Enlace original: https://bit.ly/2JwzsFP

Este artículo se complementa mejor con este post que se publicó en el blog el 12 de diciembre: Estrategias de combate a efectos psicosociales de la violencia, si hay tiempo, se puede leer primero el artículo y luego el post:

http://mauriciomeschoulam.tumblr.com/post/2188534915/estrategias-de-combate-a-efectos-psico-sociales-de-la

Se nos fue el año. Se escapa amargo, irremediable. Ojalá su paso no sea en vano y sepamos aprender sus lecciones. Esta es una: en México padecemos dos guerras distintas. En la primera, el gobierno busca recuperar el control del monopolio de la fuerza y el Estado de derecho. Hace tiempo que se da una legítima discusión acerca de ésta, la guerra frontal, y lo adecuado o no de las estrategias de combate al crimen organizado. Pero hay otra guerra de la que se habla menos, la de la mente colectiva. En este segundo frente nos encontramos experimentando una serie de efectos sicosociales ocasionados por la primera. Sentimos que nos están ganando y que no podemos hacer nada para remediarlo. Y esa, la sensación de impotencia, es la que nos golpea más fuerte, pues nos coloca en un estado de shock perpetuo, bloquea nuestra capacidad como sociedad de entender y atender la problemática de manera racional; resquebraja nuestro tejido social y tiene consecuencias de largo plazo que estamos aún lejos de poder medir con precisión.

Algunas de las últimas encuestas revelan que hemos comenzado, como colectividad, a sufrir distorsiones perceptivas completamente naturales, dadas las circunstancias de estrés a las que estamos sometidos. Por ejemplo, una buena parte de encuestados (Buendía y Laredo, noviembre, 2010) percibe que han muerto más civiles que narcotraficantes, policías o soldados, siendo que, de acuerdo con los datos reales, el número de civiles muertos no se encuentra ni cerca de las cifras de los otros grupos. Ni un solo civil debería perder la vida, cierto, pero el hecho de que como sociedad estemos exhibiendo deformaciones cognitivas nos habla de una segunda clase de víctimas: las sicológicas, que se suman, desafortunadamente, a los directamente afectados por la violencia.

En relación con esta segunda guerra, hay a su vez dos fenómenos operando al mismo tiempo: uno de ellos puede ser llamado simple y llanamente terrorismo. Lo que caracteriza a esta categoría específica de violencia es que es perpetrada de manera intencional, con el propósito concreto de estremecer a la ciudadanía, en un afán por alterar sus actitudes, emociones, opiniones y, ultimadamente, sus conductas. El mecanismo que se usa es dirigir el ataque hacia cierto objetivo menor, para que, usando a los medios de comunicación (tradicionales y no tradicionales), el evento logre proyectarse hacia poblaciones mucho más amplias, y se retransmita el mensaje de pánico deseado.

Hay, además, una manifestación distinta que estamos apenas intentando descifrar. En un análisis preliminar, la hemos denominado prototerrorismo o cuasiterrorismo. Se trata de todos aquellos eventos de violencia que no tienen claros objetivos terroristas, pero que, no obstante, terminan operando casi de manera idéntica, produciendo, en esencia, la misma serie de efectos sicológicos que el terrorismo. Como ejemplo podemos mencionar balaceras en sitios concurridos o coches-bomba que no son necesariamente dirigidos hacia la población civil. A pesar de que estos temas aún no han sido científicamente estudiados en nuestro país, se puede proyectar que la población que se encuentra en las cercanías del evento es la que mayores alteraciones sufre. Sin embargo, nuevamente a través de la exposición mediática y la centralización de la agenda en estos incidentes hay un número mucho más amplio de personas que empiezan a experimentar síntomas de estrés, los cuales, a su vez, son contagiados en sus entornos. Ni los propios periodistas se encuentran exentos de sufrir efectos y, sin saberlo, se convierten en sujetos y agentes de contagio a la vez.

Posteriormente, recibimos noticias como las filtraciones de WikiLeaks, que nos dicen que el gobierno de México está siendo incapaz de vencer. Sentimos que nuestras sospechas han quedado confirmadas y que, por lo tanto, tenemos razón en encontrarnos desesperanzados. El resultado es, nuevamente, un ánimo social fuertemente impactado y una mente colectiva que deja de operar racionalmente.

El entender la mecánica de esta serie de manifestaciones puede asistirnos en propuestas para su combate, utilizando de base experiencias exitosas a nivel internacional. Pero para ello se requiere del primer paso: comprender que la segunda guerra no es poco importante y que no es un asunto de salud, sino de seguridad. En la medida en que haya quien se percate de que nuestra psique social es altamente vulnerable y manipulable, se seguirán ejerciendo actos para dañarla. Lo bueno es que las soluciones para esta, la guerra mental, son menos complicadas de lo que parece, pues están en casa, en nuestras cabezas, en ese espacio del que no podemos permitir que nunca nadie se adueñe, así sea lo último que nos quede.

Twitter: @maurimm

Internacionalista de la Universidad Iberoamericana

Texto en: https://bit.ly/2JwzsFP

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