El nuevo terrorismo

El nuevo terrorismo

Por Andrea Muhech. Publicado en Cultura Colectiva el 29 de junio 2020. Enlace original: https://bit.ly/2Aes4vP

El punto no es terminar con el terrorismo, sino terminar con lo que hace que los individuos se identifiquen con ciertos ideales

El COVID-19 ha sido un golpe de suerte para los extremistas de derecha en todo el mundo. Esto es gracias a muchos factores, entre los que se encuentran: 

  1. Que siempre “el otro” es el que te invade y te contagia a ti y a los tuyos. Recordemos que hay muchas ideologías diferentes que caben dentro de la extrema derecha y que lo más incorrecto que se puede hacer con cualquier tema es generalizar. Sin embargo, dos elementos en común son el de la identidad y el territorio. Para muchos, esos componentes se ven atacados por fuerzas multiculturales y por ende rechazan todo lo que es diferente o ajeno y existen tantas teorías de conspiración.
  2. Que su cede y su motor es el ciberespacio (Internet o la red). Así como hay variaciones en ideologías, también las hay en intensidad de estas. Los bloqueos por la pandemia han demostrado ser una herramienta de crecimiento y oportunidad para una de las más populares hoy en día, los supremacistas blancos. La facción violenta de estos ha explotado la crisis para aprovecharse de las personas que están en su punto más vulnerable y disponible en sus hogares con poco que hacer además de navegar en Internet. Con un mensaje diseñado para la viralidad en línea, los supremacistas blancos del siglo XXI estaban especialmente bien posicionados para beneficiarse de el cambio que estamos viviendo. Según Ulam (2020) la evidencia sugiere que ellos están teniendo éxito y sus amenazas pueden convertirse fácilmente en peligro fuera de la web.

Ahora bien, así como dentro del espectro de los extremistas de derecha existen los supermacistas blancos y dentro de este grupo hay un sector violento, si nos adentramos más en estas categorías podemos llegar a los individuos que llevan a cabo actos terroristas. Antes se hablaba del terrorismo islámico que es más conocido, pero ahora que este está en su punto más bajo desde el 2014 (IEP, 2020), el terrorismo de extremismo de derecha se encuentra en alza y ha utilizado la pandemia a su favor convirtiéndose en una amenaza creciente.

Ejemplos de ese tipo de terrorismo son: a) Anders Breivik, autor de un horrible ataque en Noruega en 2011 que mató a 77, la mayoría de ellos jóvenes en un campamento de verano; b) Brenton Tarrant, un ciudadano de origen australiano que dejó a 51 personas muertas y varias más heridas en la ciudad de Christchurch, Nueva Zelanda; o c) Patrick Crusius, quien mató a 22 personas en un Walmart en El Paso, Texas, en agosto de 2019.  

En todo el mundo se han encontrado miembros de diferentes grupos con mayor movimiento a partir de la pandemia como los “boogaloo bois” en Estados Unidos. Estos son hombres armados vestidos con chalecos antibalas y camisas hawaianas que en los últimos meses han aparecido en protestas contra los bloqueos de COVID-19 y la brutalidad policial en todo el país. Sus ideologías son una mezcla de activismo antigubernamental, humor negro, y defensa de la Segunda Enmienda (la que protege el derecho de poseer y portar armas en EEUU)(Ulam 2020).

Según la Liga Antidifamación (2020), en 2016, el extremismo de derecha representaba el 20% de las muertes relacionadas con el terrorismo en EEUU. Para 2018, esa cifra había aumentado al 98%, y el 2019 marcó el año más mortal de la violencia supremacista blanca.

¿Y por qué se compara con el terrorismo islámico?

  1. Al igual que con grupos terroristas como el Estado Islámico (o ISIS), la amenaza supremacista blanca de hoy es global. Existen campos de entrenamiento de supremacistas blancos en Ucrania, Polonia, Bulgaria e incluso el Reino Unido y muchas organizaciones de supremacistas blancos operan a nivel transnacional. Sin embargo, mientras que para ISIS, Internet es una herramienta para hacer crecer el califato, para los supremacistas blancos, Internet es el califato: una sede, un campo de entrenamiento virtual y un escenario (Ulam 2020). Por eso es que se puede argumentar que la pandemia los está ayudando, ya que tienen a todo el mundo disponible encerrado en sus casas y una gran mayoría de las personas pasa su tiempo navegando por el ciberespacio. Así se puede: a) reclutar nuevos miembros sin importar la ubicación de estos, b) seguir creciendo y esparciendo su mensaje.
  2. Una táctica muy común en los ataques de supremacistas blancos es la transmisión en vivo de crímenes en progreso, como lo hizo Tarrant en Nueva Zelanda. Esa táctica fue introducida por ISIS y la idea es aprovechar el poder viral de la violencia (Ulam 2020).  Los terroristas de hoy también son creadores de contenido ya que las redes sociales multiplican la fuerza de los ataques físicos y los convierten en propaganda sumamente efectiva. Por otro lado, por medio de grabaciones y escritos, personalidades individuales se convierten en líderes que dan instrucciones para que los demás las puedan seguir y replicar los actos (Tarrant escribió hasta un manifiesto de 74 páginas).
  3. La radicalización en un sinnúmero de casos comienza en línea. ISIS o Al Qaeda dependen un poco menos de Internet pero sin duda también representa una herramienta fundamental para ellos.

Una gran diferencia entre grupos como ISIS o Al Qaeda y los supremacistas blancos es que los segundos no tienen ni jerarquía, ni territorio, ni franquicias como los primeros. El movimiento de hoy en día está completamente disperso.

En relación con lo anterior, los analistas antiterrorismo tienden a desglosar el yihadismo global en función de qué tan conectados están los actores de las amenazas con una organización en particular. La taxonomía de la supremacía blanca, por otro lado, se centra en cómo los actores de amenazas individuales influyen entre sí (actores que además no son líderes espirituales como en el terrorismo islámico) (Ulam 2020). Esto se puede ver como la debilidad del grupo en cuestión y un lugar por donde se debe de entrar para desmantelarlos.

Como resalto anteriormente, generalizar siempre es un error y eso complica mucho los esfuerzos para detener el fenómeno. Hoy en día cualquier persona puede publicar memes hostiles o hacer comentarios de odio que pueden despistar y así es muy difícil detectar en línea las verdaderas amenazas de las bromas y quién se movilizará. Sin embargo, existen maneras de hacerlo (Ulam 2020). Plataformas como Facebook, Twitter y Telegram han eliminado cientos de miles de cuentas sospechosas y gracias a estas también se han encontrado a varios Anders, Brenton, o Patrick antes de que ataquen.

Según Ulam (2020), la naturaleza cibernética del terrorismo supremacista blanco puede servir para atacarlos porque; 1) ¿Qué tan escalable puede ser el movimiento si sigue tan disperso y desorganizado?; 2) ¿Qué pasa cuando te borran las cuentas o plataformas? Puedes hacer otra, pero eso te hace perder seguidores. Cerrar su contenido, foros, perfiles y sitios puede darles un duro golpe. 

Ahora bien, aunque son muy útiles, estas medidas no son una solución general. Además de identificar a los radicalizados antes de que se movilicen y desmantelar lo ya existente en la red,  hay que ir más atrás a los orígenes estructurales del problema, hay que ir al caldo de cultivo de estos extremismos. Dado que gracias al libre flujo de información que constituye un pilar fundamental de la paz existe el fenómeno, podemos concluir que el punto no es terminar con él sino terminar con lo que hace que los individuos se identifiquen con ciertos ideales. ¿En qué estamos fallando para que haya tantas personas que crezcan con esas ideologías? Ese debe de ser el foco, de lo contrario, el odio se seguirá expendiendo como un virus hasta que un día, sin esperarlo, nos toque un evento desafortunado más de cerca.

Twitter: @andreamuhechg

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