El mundo es menos pacífico. México también

Por Mauricio Meschoulam. Publicado en El Universal el 11 de junio del 2016. Enlace original: https://bit.ly/2M2RxgS

Después de tres y medio años de un gobierno que marcó como la primera meta de su Plan Nacional de Desarrollo el lograr “Un México en Paz”, nuestro país se mantiene sufriendo deterioros justo en ese tema, de acuerdo con el Índice Global de Paz 2016, publicado esta semana. A primera vista, México habría recuperado cuatro sitios de la tabla con respecto al año pasado. Una mirada más cercana, sin embargo, refleja tres cosas de importancia local y global: (a) El mundo es, en lo general, un sitio menos pacífico que hace un año, (b) La brecha entre los países más y menos pacíficos del planeta sigue aumentando, y © En términos absolutos, la calificación de México en esa materia se mantiene empeorando. Este índice, publicado por el Instituto para la Economía y la Paz, un reconocido centro de pensamiento y análisis, no solo incorpora indicadores como los homicidios o los crímenes violentos, sino que considera otros elementos tales como la tasa de encarcelamiento (y grado de impunidad), el nivel de acceso a armas cortas o ligeras y otros que miden el nivel del miedo a la violencia que existe en una sociedad. Es decir, en la visión de los académicos y analistas que han elaborado el índice desde 2007, la paz es un concepto mucho más integral que únicamente la ausencia de guerra o violencia. Hablar de falta de paz incluye, pero no se limita a hablar de los componentes y causas de la violencia.

En cuanto al mundo en general, los niveles de paz se siguen deteriorando, siendo la región del Medio Oriente y Norte de África, una vez más, la menos pacífica del globo, cosa que a las/os lectoras/es de este espacio, no debe sorprender, tristemente. Esta situación tiende a obscurecer factores en los cuales sí se ha tenido relativo éxito y que muestran determinadas mejorías en algunos rubros del índice, concretamente en 81 de los 163 países o territorios medidos. Por ejemplo, el gasto en armamento a nivel mundial ha disminuido y el fondeo para misiones de paz de Naciones Unidas ha aumentado. Destaco tres temas de esta publicación.

El primero, la brecha entre los países más pacíficos del planeta (muchos de ellos ubicados en Europa, la región mejor calificada en esta medición), y los países menos pacíficos tales como Afganistán, Somalia, Irak y Siria, sigue aumentando. Esto, además de las desigualdades socioeconómicas de las que tanto hablamos, nos coloca ante otra clase de desigualdad: la desigualdad de la paz a nivel global. Nacer en determinadas regiones (un acontecimiento accidental) no solamente implica tener mayores o menores posibilidades de desarrollo económico y social, sino también tener mayores o menores posibilidades de vivir nuestras vidas en entornos pacíficos o conflictivos.

En segundo lugar, ya desde años atrás vemos que la falta de paz en buena parte del planeta no está ocasionada por guerras entre estados-nación, sino que procede de regiones donde los actores no-estatales de carácter violento -muchos de ellos operando a través de las fronteras nacionales (tales como ISIS, Al Qaeda, o las organizaciones criminales, solo por poner ejemplos)-, combaten contra gobiernos, pelean entre ellos, o bien, son patrocinados por distintos estados que intervienen en los conflictos a través suyo.

El tercer tema a destacar, a veces vinculado con esto último, es el impacto global del terrorismo. Lo es no solamente por el efecto de la violencia material, sino principalmente por los efectos que esta clase de violencia produce en la psique colectiva, la huella del miedo.  Y en ese tema las cosas son también enormemente desiguales. A pesar de la amplísima cobertura mediática que reciben, únicamente 0.5% de atentados terroristas ocurre en Occidente. En cambio, solo cinco países – Afganistán, Irak, Siria, Pakistán y Nigeria- concentran 80% de los cada vez más frecuentes atentados en el planeta. Esta combinación de factores genera un impacto no solamente en las condiciones objetivas de falta paz –que incluyen el riesgo a la seguridad- sino en las condiciones subjetivas de falta de paz –las percepciones. Todos ellos son factores que el índice incorpora.

No nos extrañe entonces por qué en México seguimos en deterioro. Comparto los siguientes datos. En el Índice Global de Paz 2013 nos ubicábamos en el ya lamentable sitio 133 (un lugar abajo del año anterior) de un total de 162 países medidos y recibimos una calificación de 2.434 (mientras más grande sea ese número, menos pacífico es el país medido). En 2014, México se ubicó en el sitio 138 con una calificación de 2.5 en el índice. En 2015 seguimos perdiendo sitios, y nos ubicamos en el 144 con una calificación de 2.53. En la publicación del 2016 México se ubica en el sitio140. Cualquier visión superficial diría que “ganamos” cuatro sitios en la tabla general. Cierto, pero lo que sucede, desgraciadamente, es que el mundo es hoy, en lo general, menos pacífico que el año pasado. Por eso, nuestro deterioro en el índice, que ahora nos califica peor que en 2015 con 2.557 puntos, parece oscurecerse frente a otros países que empeoraron aún más que nosotros.

Conviene mejor no extraviarse las cifras y comprender que si sumamos las últimas cuatro mediciones del índice (lo cual abarca la mayor parte del actual gobierno), hemos sufrido tanto un deterioro en los niveles absolutos -nuestro PIB de paz, por así llamarlo, está decreciendo a razón de 1.26% anual-, como en los niveles relativos -hemos perdido siete sitios en la tabla global, incluso tratándose de un planeta bastante menos pacífico hoy que en 2012.

Mediciones como esta, por supuesto, existen ahí para poner temas en la mesa y discutir acerca de lo que está fallando. Lo principal, sin embargo, tanto para el mundo como para nuestro país, tiene que ver con distinguir entre las cifras y tablas que miden la violencia o el conflicto armado y sus componentes, de aquellas que miden los factores que constituyen la paz tanto en su faceta negativa (lo que no debe estar presente para que una sociedad se acerque a un estado de paz) como en su faceta positiva (lo que la paz sí es). En palabras simples: estudiar la violencia y sus causas es importante. Igual de importante es estudiar lo que produce la paz, así como aprender de las sociedades que paulatinamente han ido mejorando en ese rubro.

Twitter: @maurimm

Texto en: https://bit.ly/2M2RxgS

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