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El huracán antes de la paz

Imagen: generada con Inteligencia Artificial

El Sol de México Publicado en El Sol de México

El huracán antes de la paz

Samuel Behar · 12 de junio de 2026 · 3 min de lectura · Ver publicación original ↗

En México se vive un huracán constante, uno que no deja salir de la niebla y que no permite desarrollar al país. Son los conflictos acumulados que no se han sabido resolver a lo largo de la historia, pero también es el futuro que queremos.

Mucho se habla de la calma antes de la tormenta, de estar en el centro de un huracán, pero poco se habla de que para llegar a ese punto focal, se necesita haber entrado a las puertas de la tormenta para quedarse con esa tranquilidad simulada, estamos en el primer momento.

México se prepara para recibir el Mundial en medio de una tensión evidente: la promesa de celebración internacional y la persistencia de crisis internas que cuestionan sus condiciones de paz. Podría decirse que vivimos en tiempos ambiguos; por una parte, está la celebración de la Copa del Mundo, una fiesta que con los años se ha vuelto el referente en unión global ante las adversidades políticas que vivimos día con día.

Por otro lado, se ha notado que la fiesta no es la misma que en otras ediciones; las calles pueden no rebosar con el mismo ambiente de fraternidad y pasión que en otros momentos sí. Esta semana van a haber dos manifestaciones al mismo tiempo que la inauguración del mundial: madres de desaparecidos y otra de transportistas y campesinos. La CNTE también estará presente con un plantón permanente cerca del centro de la ciudad.

Existen problemas, y se viven; no vivimos en un país todavía seguro. La crisis de desaparecidos ha llegado a su punto más álgido el año pasado (12% de aumento interanual con un total de 128,064 personas), y si bien es de aplaudir el descenso rápido de la violencia mortal en el mismo periodo (40% entre 2024 y 2025), parece que no se siente la paz.

No hay una unidad mundialista; no podemos recibir a los invitados sin haber barrido la casa primero. La unidad mundialista no puede sostenerse únicamente en la celebración; requiere condiciones mínimas de paz positiva, como instituciones confiables, justicia y cohesión social. Dicho esto, no es que no se pueda celebrar o generar esperanza y unidad, pero tampoco podemos cerrar los ojos ante los problemas que aquejan a la ciudad y al país. Esa dualidad es un tema que tendrá que ser atendido. ¿Olvidaremos nuestros problemas aunque sea por un mes, o estaremos más conscientes de ellos?

Este es un huracán que estamos viviendo antes de vivir la pasión, el deporte, el turismo, la celebración y a nuestra gente. La inauguración del mundial abrirá México al mundo otra vez, y tendremos que estar preparados para invitarlos a nuestra casa, para que, a su vez, el mundo se abra a México.

El huracán está cerca, pero a su vez, ya nos estamos ahogando en él.

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